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Memoria del Teatro Colón IV
1931-1940: la crisis, la paz y la guerra.

El período 1931-1940 tuvo un excelente y auspicioso comienzo. Veintiséis títulos (incluída la llamada Tetralogía wagneriana) que representaban a varias escuelas nacionales; excelente elenco de cantantes y directores, con primeras presentaciones de notable relevancia en ambos rubros. Entre los primeros, Lauritz Melchior, Frida Leider y Lily Pons, y la reaparición de grandes figuras ya juzgadas como Tito Schipa, Ninon Vallin, Titta Ruffo, Georges Thill, Alexander Kipnis y Galeano Masini, un tenor excelente pero de inquietante irregularidad que el año anterior, en su debut, había impresionado en forma muy favorable.

El elenco de directores de orquesta, estaba formado por el argentino Ferruccio Calusio; Georges Sebastian, que ante la obligada renuncia “por enfermedad” del director artístico contratado Max Hoffmüller, debió actuar como responsable del área artística; Otto Klemperer, que actuaba por primera vez en el Colón y tuvo un magnífico desempeño en Los maestros cantores y en la ejecución integral de El Anillo del Nibelungo; Ernest Ansermet, que cumplía su primera temporada lírica en el Colón, donde había actuado en 1917 como director musical de los Ballets Russes de Diaghilev; Arturo De Angelis y el compositor y director de orquesta argentino Juan José Castro, que estaba en los primeros años de una ascendente carrera y al que fue confiada la dirección de Orfeo y Eurídice de Gluck. La lista de directores se completó con el ilustre compositor italiano Ildebrando Pizzetti, que dirigió el estreno de su ópera Fra Gherardo.

Tristán e Isolda, dirigida por Sebastian, sirvió para la presentación de dos de los cantantes wagnerianos más prominentes de este siglo: la soprano Frida Leider y el tenor Lauritz Melchior, que en ese drama lírico y en el Anillo, no dejaron dudas acerca de sus excepcionales medios. El barítono Ludwig Hoffmann, también debutante, tanto en El Oro del Rin como en La Valquiria y Sigfrido, demostró ser un cantante de calidad.

El debut de Lily Pons, primero en Lucia di Lammermoor, y luego en Lakmé e Il Barbiere di Siviglia, y Pelléas et Mélisande con André Gaudin y Ninon Vallin, fueron también momentos sobresalientes de la temporada. Fue especialmente celebrada la versión de Le Nozze di Figaro, con Carlo Galeffi, Giuseppi na Cobelli, Maria Raidl, Delia Reinhardt, Alexander Kipnis como Figaro y Salvatore Baccaloni como Don Bartolo.

Las actividades de 1932 no alcanzaron, ciertamente, el mismo nivel. No sólo el repertorio estuvo por debajo del de la temporada anterior. Tampoco el elenco artístico rayaba a esa altura, pese a contar con cantantes de probada calidad, como Pons, Lauri Volpi, las argentinas Isabel Marengo y Luisa Bertana, entre otros, a los que se sumó una debutante, Gina Cigna, que se presentó triunfalmente como protagonista de Aida, con Lauri Volpi y Bertana, y luego cantó Tosca, Turandot, Francesca da Rimini, Norma y Loreley. Como novedad, se presentó La sangre de las Guitarras, de Constantino Gaito. Un estreno importante se registró en la Temporada de Primavera de 1932: La hora española, de Maurice Ravel, dirigida por Juan José Castro, con la inolvidable cantante y pianista francesa Jane Bathori, en su primera actuación operística en la Argentina, y con Felipe Romito y Baccaloni, entre otros intérpretes.

La gravedad de la crisis económica que preocupó al país en la primer mitad de los años 1930 y que en 1933 se encontraba en su faz más aguda, se hizo sentir también en el Teatro Colón.

Las óperas alemanas incluídas en el repertorio fueron cantadas en el idioma original, salvo Los hijos del rey, de Humperdinck, que se cantó en italiano, lo mismo que Boris Godunov.

La última parte del programa, dedicada íntegramente al repertorio alemán, marcó el momento culminante del mismo. En conmemoración del cincuentenario de la muerte de Wagner, fueron incluídas Los Maestros Cantores, Tristán y Parsifal, completándose la temporada con Fidelio, de Beethoven, que se cantaba en alemán por primera vez, y El caballero de la rosa, de Richard Strauss. Las cinco óperas mencionadas fueron dirigidas por el eminente maestro alemán Fritz Busch, que hacía su presentación y que, afortunadamente, quedaría ligado al Teatro Colón por largos años. Melchior cantó Tristán, Fidelio y Parfisal, y tuvo a su flanco a dos cantantes de primer orden: la soprano Any Konetzny y la mezzo Kerstin Thorborg, ambas debutantes.

Nuevamente sobresalieron en 1934, cuando se reanudó la plausible política de presentar obras de las escuelas italiana, francesa y alemana, las óperas dirigidas por Fritz Busch. Dos de ellas eran importantes estrenos: Così fan tutte de Mozart, y Arabella de Richard Strauss. Esta última tuvo sólo dos representaciones y no volvió a la cartelera del Teatro Colón hasta 1971.

Otros estrenos de relevancia fueron Alceste de Gluck (con René Maison y Marcela Bunlet), dirigida por Panizza; La Fiamma de Respighi, con el autor en el podio; Cecilia de Refice, y La leyenda del Urutaú, del compositor argentino Gilardo Gilardi. Se cantaron por primera vez en el Colón La novia vendida de Smetana y Tannhäuser de Wagner.

La Temporada de Primavera incluyó 46 funciones a cargo de la Compañía Española de Comedias Musicales, que dirigía el compositor y director de orquesta Federico Moreno Torroba. Los amantes de la zarzuela estuvieron de parabienes, con bellas expresiones del género y elencos formados por intérpretes genuinos. En la temporada de conciertos, Fritz Busch estrenó en Buenos Aires La Pasión según San Mateo de Bach.

El mayor acontecimiento de 1935 fue la representación integral de El anillo del nibelungo de Wagner, confiada a Fritz Busch, esta vez con Max Lorenz, uno de los más eficaces heldentenore de la época, que asumió los roles de Froh, Sigmundo y Sigfrido, con la excelente Anny HelmSbizá como Brunilda, y compartiendo en La valquiria el papel de Sigmundo con René Maison.
Estos tenores cantaron también Tannhäuser, Lorenz en el papel titular y Maison como Walther.

Otras notas destacadas fueron la primera representación en el Colón de Simon Boccanegra de Verdi, con Carlo Galeffi, Giacomo Vaghi, Anny HelmSbizá y Koloman von Pataky, dirigida por Héctor Panizza, y Don Giovanni de Mozart, con Kipnis, Galeffi, HelmSbizá, Pataky, Fleischer y Baccaloni, bajo la dirección de Busch. Gratos estrenos fueron los de Schwanda el gaitero de Weinberger y la ópera de Pascual De Rogatis La novia del hereje, un valioso aporte a la creación operística nacional. La Compañía de Moreno Torroba volvió a presentarse en la Temporada de Primavera.

El nivel de calidad decayó sensiblemente en 1936. Diversas causas coligadas comprometieron su desarrollo: reemplazos, enfermedades e incluso una actuación menos feliz que en pasados años por parte de algunas primeras figuras. Entre los cantantes debutantes se destacaron las sopranos Marjorie Lawrence y Tiana Lemnitz, el barítono Martial Singher y el bajo Fernando Autori.

Lo más apreciable del ciclo, aunque no dejaron de formularse serios reparos, fueron las tres óperas rusas –Kitej, Boris Godunov y El zar Saltán– cantadas en el idioma original y dirigidas por Emil Cooper. También digna de mención fue la versión de Le nozze di Figaro, con Singher, Lemnitz, Fleischer, Autori y Amelia Conte, una vez más dirigida por Cooper, aunque no en el mejor estilo. Los estrenos de Giulio Cesare de Malipiero, Castor et Pollux de Rameau y La ciudad roja de Espoile no contribuyeron a elevar el nivel de la temporada. Fritz Busch, siempre activo, dirigió Lohengrin, El murciélago, Parsifal, El caballero de la rosa y El holandés errante.

En la temporada de conciertos, dos audiciones a cargo de Fritz Busch, con obras de Mozart, Wagner, la Novena Sinfonía de Beethoven y el estreno del Requiem opus 5 de Héctor Berlioz, y cuatro sesiones a cargo de Igor Stravinski, como intérprete de sus obras, entre ellas el estreno de Perséphone, constituyeron un acontecimiento, seguramente el más importante de todo el ciclo.

La temporada 1937 fue pródiga en estrenos, no todos ellos igualmente valiosos. El más importante fue, sin duda, el de Ifigenia en Tauride de Gluck, que se ofreció en versión alemana; luego Orfeo de Monteverdi (versión de Benvenuti) que se ofrecía por primera vez en forma escénica, El gallo de oro de Rimski Korsakov (en versión original), Cyrano de Bergerac de Alfano, La ilustre fregona de Raoul Laparra, Lucrezia de Respighi y Siripo de Felipe Boero.

En esta temporada, Erich Kleiber dirigió ópera por primera vez en el Teatro Colón, tomando a su cargo cuatro títulos: Fidelio, Tannhäuser, Ifigenia en Tauride y Los maestros cantores. La actividad del maestro vienés en el Teatro Colón se extendió por espacio de veintitrés años. Al igual que su colega alemán Fritz Busch, Kleiber prestó un elevado servicio a la cultura del país.

Entre los cantantes que se incorporaron al Colón en esta temporada, justo es recordar a Maria Caniglia, una voz importante; Gianna Pederzini, una personalidad artística antes que vocal, y la contralto Lydia Kindermann, de nacionalidad polaca, felizmente incorporada a nuestro medio artístico por más de una década.

Puntos culminantes de la temporada 1938 fueron, sin duda, el estreno de El rapto en el serrallo de Mozart, con Margarita Perras, Ingeborg SchmidtStein, von Pataky, Eric Witte y Emanuel List, con la notable dirección de Kleiber, a nuestro gusto nunca igualada, que dirigió también un memorable Caballero de la rosa, con Any Konetzny, Risë Stevens, List, Eric Witte, Karin Branzell, Margarita Perras, von Pataky y SchmidtStein. Excelentes las versiones de dos obras de Wagner, Tristán y Sigfrido, ambas dirigidas por Kleiber, con Lorenz, Konetzny, Herbert Janssen y List, entre otros.

Al estreno de El rapto se sumaron los de L’incoronazione di Poppea de Monteverdi (Benvenuti) en su primera versión escénica; L’orseolo de Ildebrando Pizzetti y Rolande et le mauvais garçon de Henri Rabaud. Especial mención merece la temporada de conciertos de 1938, en la que tuvo cabida un homenaje a Maurice Ravel dirigido por Albert Wolf y, entre los conciertos de Erich Kleiber, el estreno de La Pasión según San Juan, de Bach.

La Segunda Guerra Mundial, en sus comienzos, hizo naufragar el programa que el Teatro Colón había proyectado para el último tramo de la década. La parte correspondiente al repertorio alemán fue la más perjudicada, dado que los principales intérpretes comprometidos se vieron de pronto imposibilitados de viajar. Pero, en realidad, toda la temporada de 1939 quedó desarticulada, pues el Teatro debió apelar a improvisadas soluciones. Como quiera que sea, algunos espectáculos fueron satisfactorios. Además, la inclusión de obras como La Cenerentola y Macbeth, que se cantaban por primera vez en el Colón, fue un acierto. Por otra parte, pese a las comentadas deserciones, pudieron componerse algunos elencos muy dignos, pues se contaba con cantantes de la talla de Gina Cigna, Bidú Sayão, Risë Stevens, Rose Pauly (memorable protagonista de Elektra), Lauri Volpi, von Pataky, List, Giacomo Vaghi, y los mejores cantantes locales, como Isabel Marengo, Hina Spani, Pedro Mirassou, Sara Menkes y “nuestra” Lydia Kindermann, cuya Klytemnestra no ha sido jamás superada.

Los directores fueron Héctor Panizza, con diez óperas, incluído el estreno de su Bizancio, y Ferruccio Calusio y Erich Kleiber, con cinco títulos cada uno. El otro estreno de esta temporada fue Las vírgenes del sol, del compositor argentino Alfredo L. Schiuma.