
Opera en cuatro actos (1831) -
Libreto de Felice Romani
sobre una tragedia de L. A. Soumet
El Bosque sagrado de los druidas
Desfilan las huestes de los galos seguidas por la procesión de los druidas. De la multitud se eleva un cántico pidiendo la protección de Irminsul para renovar la lucha contra los romanos. Oroveso promete a los guerreros que llegada la hora, Norma, la gran sacerdotisa, convocando al pueblo bajo la encina sagrada, con tres golpes de bronce místico dará la señal del anhelado levantamiento contra el opresió;n.
Norma, hija de Oroveso, el sumo sacerdote druida, goza de inmenso ascendiente sobre los galos de esa misma secta, como mediadora de divinas potencias. Ignórase que ella ha cometido una grave falta, traicionando a los dioses y a la patria, por su apasionado amor hacia Pollione, procónsul romano en la región. De ese amor han nacido dos criaturas que Noma ha logrado mantener ocultas; pero la hora del castigo ha llegado para la infiel sacerdotisa.
Pollione, atravesando el bosque en compañía de su amigo Flavio, manifiesta que un nuevo sentimiento impera en su corazón, borrando de ese modo la imagen de Norma; Pollione ama ahora a Adalgisa, doncella consagrada también al culto druídico. La joven ha despertado una arrolladora pasión en el procónsul romano, a quien preocupa un sueño a través del cual se insinuaba terrible, la venganza de Norma. A lo lejos se oye la voz del pueblo invocando a la luna y a la gran sacerdotiza. Esta deberá dictar la sentencia de los dioses contra el invasor, autorizando en primer término, el exterminio del odiado procónsul.
Norma creyéndose amada todavía, lejos de responder a las súplicas de los guerreros y sacerdotes y a su mismo padre, disuade a la turba, y depositaria de los designios supremos, ordena dejar para mejores días la renovación de la lucha por la patria; Roma caerá por sus propios vicios; sólo cabe esperar la hora fatal en que se cumplirá su destino. Norma se apresta a celebrar el rito. Tomando en sus manos la hoz de oro corta el muérdago sagrado y lo ofrece en una sublime invocación a la luna, que brilla ahora en todo su esplendor.
Cuando Norma y los druidas se alejan, llega Adalgisa par implorar a Irminsul que le permita arrancar de su corazón el amor que en él anida pero la repentina aparición del procónsul irrumpe la fervorosa plegaria de la joven. A las súplicas ardientes de Pollione, cede la enamorada, que promete seguirlo a Roma, abandonando su patria y altar.
Habitación de Norma
Una duda aslta el espíritu de la gran sacerdotisa con respecto a su amado. ¿ Partirá?. ¿ La abandonará?. Norma no se atreve a creerlo, pero lo presiente. Adalgisa, en lucha consigo misma, viene a pedir consejo a Norma. Al oírla la sacerdotisa revive la emoción de su encuentro con Pollione, y entonces no vacila en concedrle el perdón, augurándole una vida dichosa. Pregunta luego quién es el hombre que Adalgisa ama. ¿ Cómo se llama?. ¿ Cuál es su patria?. Adalgisa ve entrar en ese instante al procónsul y simplemente lo señala. Norma en el primer momento queda paralizada de dolor, la ira y la inmensa sorpresa, suscitándose una decena de amenazas e imprecaciones en la cual Pollione conluye por confesar su amor por Adalgisa, pero ésta en conocimiento ya de la verdad, rehúsa seguir al hombre que amó y tricionó a Norma. La sacerdotisa en un gesto de fiera altivez ordena al infiel que se aleje.
Habitación de Norma
Una imperiosa sed de venganza domina los sentimientos de Norma, pero esa crisis dura bien poco. El dolor es más fuerte que la ira. En el primer momento ha querido dar muerte a sus hijos, viviente recuerdo de la felicidad pasada. A la idea de matar sucede luego el deseo de morir. Llama a Adalgisa y le pide que se haga cargo de sus dos criaturas. Adalgisa, dando pruebas de extraordinaria grandeza de alma, suplica a Norma que renuncie a sus proyectos de sacrificio, conservando la vida para los tiernos niños y aún para el mismo hombre amado, cuyo corazón reconquistará, sin duda alguna. Los generosos sentimientos de Adalgisa conmueven a Norma y ambas, reconfotadas de este nuevo afecto, júranse inalterable solidariedad en la común desventura.
Templo de Irminsul
Enterados los galos de la anunciada partida de Pollione se aprestan a tomar por asalto el campo romano. Oroveso aconseja postergar la venganza hasta la llegada del nuevo procónsul ya que el momento no es aún propenso.
Adalgisa ha tratado de convencer a Pollione para que vuelva arrepentido con Norma. Clotilde viene a comunicar a la sacerdotisa que los esfuerzos de Adalgisa han sido inútiles y que ésta ha vuelto al templo, triste y llorosa, sin haber logrado disuadir al procónsul de su amor por ella. Pollione ha jurado además que no vacilará en violar el templo, si es necesario para reconquistar a Adalgisa. Norma prorrumpe entonce en violentos acentos de venganza, muerte a los invasores, a los odiados enemigos; la sangre romana correrá ahora a torrentes... Dominada por la indignación decídese a cumplir la voluntad de Irminsul. Da tres golpes en el sagrado escudo y los guerreros acuden presurosos. Interrogada por la voz divina, la sacerdotisa proclama, guerra, exterminio y muerte. Tras entonar un vibrante himno bélico los galos piden a Norma que señale la víctima para el sacrificio.
Clotilde vuelve presurosa anunciando que un romano ha profanado el templo pentrando en el recinto destinado a las doncellas. Se le trae maniatado. Es el procónsul. Oroveso lo interroga , pero éste nigéase a responder. Norma va dejar caer entonces su puñal sobre Pollione, pero se detiene, aún dominada por su amor. ¿ Por qué? le preguntan. "Deseo interrogar yo sola al extranjero", responde decididamente la sacerdotisa. Ambos amantes quedan ahora frente a frente. Norma procura arrancar una última promesa a Pollione, pero éste rehúsa revelar sus verdaderos sentimientos. Norma amenaza luego, pero la amenaza tampoco da resultado. Su dolor no tiene límites cuando oye a su antiguo amante implorar por la vida de Adalgisia, ofreciéndose él mismo para el sacrificio.
Norma llama a sus ministros y sacerdotes y les dice: "Una nueva víctima entrego a vuestra ira." Pollione tiembla, creyendo que aquellas palabras se refieren a Adalgisia. "Soy yo ..." dice Norma y agrega dirigiéndose al procónsul: "Pretendiste huir de mí, pero no lo has conseguido, juntos sucumbiremos en la misma hoguera...". Esta se prepara en medio del estupor general. Norma, luego de haber revelado a Oroveso, la existencia de sus hijos para quienes pide paternal protección, se encamina al suplicio, Pollione contempla transportado, el heroísmo de aquella sublime mujer a quien no supo amar ni comprender, y a la que ahora lo unirá implacable destino.
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