argumentos de operas

doña francisquita

Opera en tres actos - Libreto de Federico Romero y Guillermo Fernández Shaw

acto primero

La acción en Madrid, durante la semana de Carnaval de 1840.

Una plaza de Madrid

Un leñador y una buhonera cantan su pregón al tiempo que aparecen Fernando y Cardona, dos jóvenes estudiantes. La presencia de Aurora "La Beltrana", cómica del Teatro de la Cruz y mujer de grandes arrestos, absorbe los pensamientos de Fernando, loco de amor por ella. A los requiebros que le dirige Fernando responde Aurora con desdenes y burlas. Esta escena es presenciada por Francisquita que sale de misa con su madre Doña Francisca y otras dos devotas.

Francisquita que ama a Fernando silenciosamente, una vez que Aurora se ha ido a la botillería con Lorenzo Pérez, su amante, se dirige a su casa, y al pasar, deja caer un pañuelo. Lo ven los estudiantes y lo recoge Fernando, ofreciéndoselo.

Francisquita, antes de hacerse cargo del pañuelo y con el fin de trabar conversación con el hombre a quien ama, expresa sus dudas sobre si es suyo o no, pidiendo toda clases de detalles.

Luego Cardona y Fernando quedan solos en la plaza. Cardona comenta los encantos de la niña, pero Fernando no lo escucha. Insiste Cardona, diciéndole que espera verlo algún día lejos de Aurora y cerca de Francisquita. La joven empieza a cantar sus cuitas desde el balcón de su casa. Cardona y Fernando le hacen eco y luego se alejan de la plaza.

Doña Francisca y su hija vuelven a salir. En ese momento aparece Don Matías, padre de Fernando; el anciano abriga la intención de declarar su amor a Francisquita y empieza su galanteo que, por un equívoco bien justificado, la viuda de Coronado cree que va dirigido a ella. Cual no será su asombro al descubrir que es a su hija a quien pretende Don Matías.

La joven, a pesar de provocarle risa la ambición del maduro galán, no desaprovecha la ocasión para decirle que un abismo los separa; Fernando, quien la corteja y le escribe, pero nunca le habla ni da palabra de matrimonio. Don Matías tendrá que comunicar a su hijo que Francisquita va a ser su mujer y que se cuide de poner sus ojos en ella. Don Matías, indignado, va en busca de Fernando.

Sale Aurora de la botillería, con su amiga Irene, la "de Pinto" y vuelven Fernando y Cardona. Sigue "La Beltrana" con sus coqueteos que encienden la loca pasión de su adorador. Cardona interviene en la conversación y sus preguntas, con intención de provocar sus celos, concluyen por irritar a la comedianta, quien se aleja desdeñosamente.

Llega luego Don Matías dispuesto a poner en claro las manifestaciones de Francisquita, pero los jóvenes creen que Don Matías se refiere a "la Beltrana". En sus explicaciones la califican de casquivana y coqueta, lo que todavía enfurece más a Don Matías.

Llega un cortejo de bodas, al que se suman Cardona y Fernando para entonar el alegre canto a la juventud. Cuando los jóvenes van a salir, les detiene la voz de Don Matías. El asombro de los estudiantes no tiene límites.

Fernando no alcanza a comprender, cuando su padre le dice que es la propia Francisquita, quien le ha confesado que su hijo la asedia con sus deseos. En cambio lo ha comprendido el avispado Cardona, quien se ha dado perfecta cuenta del juego de Francisquita.

El hijo de Don Matías decide prestar atención a la joven, aunque solo sea para dar celos a "La Beltrana".

Sale Francisquita para atender el puesto de tortas que tiene frente a su casa. Llega un cura para hacerle unos encargos y poco después se presentan Cardona y Fernando. Ante las protestas de Fernando, Cardona llama a Francisquita. Como aquél no dice palabra, Cardona, suelta en su nombre una serie de piropos. Emocionada Francisquita tampoco atina con la respuesta y es el propio Cardona quien contesta también por ella, hasta que consigue que Fernando se decida. Pero en vez de continuar el coloquio amoroso, lo que hace es disculparse y afirmar que él no le ha escrito ninguna carta ni ha venido jamás a su reja. La joven le responde que alguien ha inventado esa historia que le recuerda un viejo cuento de su abuela: El ruiseñor y la rosa… ni más ni menos que la situación que ahora se le presenta con Don Matías, mientras ella ama a Fernando, Doña Francisca llama a su hija y la niña entra en u casa.

Fernando concluye por admitir que Francisquita es muy hermosa, pero esa tarde irá al Prado para ver a "La Beltrana". Suena una rondalla. Todos se aprestan a festejar el Carnaval. Aurora canta un brioso pasacalle y luego sale provocativa en su calesa. Fernando jura que "La Beltrana" no se volverá a burlar de él, mientras Francisquita, que ha salido al balcón atraída por el bullicio murmura en un aparte: "Si Dios protege mis artes, y venceré".

acto segundo

Un sitio en las inmediaciones del Canal

Frente a una mesa, Aurora canta una copla acompañada por un guitarrista, mientras participa un alegre grupo de bailarines.

La Cofradía de la "Bulla"canta su canción humorística y al terminar las evoluciones de la comparsa, llegan Cardona y Fernando. Cardona se ha disfrazado de maja para arrimarse a las mujeres y en ahora se ve acosado por los mozos que le echan piropos. Don Matías ha citado en el lugar a su hijo para que presente sus respetos a Francisquita.

Cardona descubre en esta cita las artes de la joven para encontrarse con Fernando, al que Don Matías, instado por la niña, ordenó alejarse de Madrid. Aparece Francisquita sola. Entre ella y Fernando se establece un diálogo en el que ella coquetea con la idea de ser la esposa de Don Matías, convirtiéndose en Doña Francisquita. En el apasionamiento del coloquio Fernando le declara su amor, pero ella, con picardía, le contesta que le corresponderá con un cariño maternal.

El Liberal, sale del merendero, observando indignado que los parroquianos se han ido todos sin pagar, corriendo entusiasmados detrás de la Bulla. Vuelven Francisquita con su madre y Don Matías, a quienes acaba de encontrar. Los viejos están muy fatigados pero para dar gusto a la niña siguen caminando. Don Matías se muestra receloso al enterarse de que Fernando vendrá a despedirse, pero Francisquita lo envuelve con sus gracias y salen los tres, la joven del brazo de Don Matías.

Vuelven Fernando y Cardona con el propósito de ir detrás de Francisquita, pero de pronto se oye cantar a Aurora dentro del merendero. Fernando no hace caso ya de las indicaciones de su amigo y se queda allí como petrificado, luchando entre su antiguo deseo y un nuevo amor.

Lorenzo Pérez con sus amigos se ponen de acuerdo para organizar un baile para distraer a "La Beltrana". Vuelve Cardona, siempre vestido de maja, y quiere llevarse a Fernando para evitarle un encuentro con Aurora. Esta se presenta acompañada por Irene y al ver a Fernando con una mujer no puede contener sus celos y cuando los jóvenes fingen un coloquio amoroso, Aurora provoca un gran alboroto. Luego, despechada, intenta atraer a Fernando, pero éste la desprecia y ella jura vengarse. Sale Cardona, ya sin disfraz, y se complace en reavivar la burla, irritando a Aurora con sus bromas y sus retrueques.

Don Matías, Doña Francisca y Francisquita han llegado para despedirse de Fernando. La joven se las ingenia para que Fernando le declare nuevamente su amor y, segura de haber vencido, finge desmayarse en brazos de él, con el consiguiente enojo de Don Matías, quien sale presuroso en busca de una medicina. Mientras los jóvenes se prometen amor eterno y se abrazan disimuladamente, se presenta Aurora, quien al sorprender la escena siente reavivar rápidamente sus celos.

Pasado el fingido desmayo de Francisquita, se inicia el baile. Aurora dice a Lorenzo que sólo bailará una mazurka, el baile de moda. Lorenzo no sabe bailar esa danza, pero Aurora, provocando una amenaza de su amante, afirma que alguien la bailará. Entonces, levantando un vaso de vino, invita a los hombres a que beban con él, ofreciéndole como premio bailar con el valiente que se atreva.

Francisquita comprende que "La Beltrana" quiere bailar con Fernando y para evitarlo se lamenta de que no haya un valiente que salga, Fernando lo intenta y Don Matías, al ver el entusiasmo de Francisquita, se adelanta, hace retroceder a su hijo y bebe en el vaso de Aurora.

Lorenzo desafía a Don Matías, pero es derribado por el vigoroso brazo del anciano, quien además le da todavía un buen consejo y empieza a bailar con Aurora. Otras parejas los imitan, entre ellas, Fernando y Francisquita, Don Matías quiere soltarse de los brazos de Aurora para separarlos, pero ella lo retiene mientras los jóvenes siguen bailando apasionadamente, con gran indignación del anciano. Cardona baila con Doña Francisca y la escena concluye con la mayor animación.

acto tercero

Cuadro Primero: Una calle frente a la casa de Don Matías

Oyense en la noche lejanos rumores de gente y los ecos de un baile. El sereno anuncia la hora y luego atraviesa la escena, receloso de que entre los embozados pueden ocultarse conspiradores. Luego varias parejas de enamorados románticos cantan a la noche y al amor. Cardona viene en busca de Fernando para pedirle que vaya al baile, donde encontrará a Francisquita.

Al quedar solo Cardona, llega "La Beltrana" y al preguntarle ésta por Fernando, le dice que va adelante con otra mujer.

Aurora, despechada, al encontrarse con Lorenzo, le hace creer que aún se interesa por Fernando, logrando que su amante se presente en casa de Don Matías, diciéndole que desafía a su hijo y que lo espera en el baile de Cuchilleros.

Don Matías, para proteger a Fernando, resuelve entonces ir a la fiesta: "Al baile de Cuchilleros iremos todos, y afirmó que va a correr, si Dios quiere, mucha más sangre que vino".

Cuadro Segundo: Patio en una vieja casa de Madrid

En el baile Cardona acompaña a "La Beltrana" en la Canción del Marabú, un regocijante bolero gitano. Terminado este número, varias parejas lucen sus gracias bailando un fandango. Al concluir el baile Cardona aclama a "La Beltrana" y luego invita a todos a beber, aunque no sabe cómo va a pagar la cuenta.

Al marcharse Aurora, dirige una indirecta a Fernando, quien contesta con displicencia que no está para bromas.

Fernando se impacienta porque no llega Francisquita, pero quien se presenta inesperadamente es Lorenzo, Cardona le dice que su amigo no tiene ningún interés en Aurora, que se la regala.

Al ver llegar a Francisquita hace el elogio de sus encantos: "Usté compare, cuerpo y cuerpo, cara y cara, y dígame si la Aurora vale para descalzarla".

Francisquita, para llegar al final de su intriga para poder conseguir el amor de Fernando, arriva al baile con su madre, a quien ha hecho creer que Fernando está enamorado de ella.

Doña Francisca, ilusionada con esta idea, se dirige cariñosamente a Fernando, sorprendiéndolo con sus efusividades.

Lorenzo, que ha podido ahora comprobar que no es Aurora a quien ama el hijo de Don Matías, concluye por disculparse y pedir perdón al anciano. Aclarada la situación con Lorenzo, Don Matías se enfrenta airadamente con Doña Francisca, quien le confiesa que ella es ahora por quien suspira Fernando.

Aurora tercia en la conversación y, siempre interesada por Fernando, lo desacredita recordando sus veleidades de Don Juan, todo ello con gran preocupación de Francisquita y Don Matías.

Cardona debe recurrir una vez más a su ingenio para aclarar todos los malentendidos, lo que por supuesto no le cuesta mucho trabajo.

Pero la situación se complica más aún al pedir Doña Francisca su consentimiento para casarse con Fernando. Don Matías, indignado, se la niega, aduciendo que la dama puede ser su madre. Cardona aprovecha la oportunidad para recalcar que puede aplicarse el romance, haciendo con ello sentir a Don Matías todo el peso de su ceguera.

Francisquita y Fernando se dirigen hacia él expresando su mutuo amor e imploran su perdón. Don Matías concluye por abrazarlos conmovido y llama a todos para que beban a su cuenta, celebrando que el amor sea ahora el dueño de su casa.

Aurora y Cardona se dan cita para la noche y todos entonan el canto alegre de la juventud triunfante.

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